Para leer un extenso fragmento de la Introducción, consulta el blog de University Press Week.

Inspirado por una serie fortuita de 4 de septiembre, este libro entrelaza memorias, voces de pequeños agricultores desde las bases, un análisis contundente del poder corporativo, ciencia de la salud ambiental, análisis de redes sociales de movimientos indígenas, historia oral y calendarios mayas... en una historia inspiradora sobre el poder de los desvalidos.

Lo más importante es que esta es una historia de David y Goliat: sobre cómo los movimientos indígenas en México y Guatemala enfrentaron a una de las corporaciones más poderosas y repudiadas del planeta... y ganaron.

Cortesía de Ricard Busquets, 2014.

Justo antes de la Copa Mundial de 2014, los intereses comerciales de Estados Unidos presionaron al Congreso de Guatemala para que legalizara cultivos genéticamente modificados (GM) y criminalizara las prácticas tradicionales de conservación de semillas con penas de hasta siete años de prisión. Los ancianos mayas respondieron a esta "Ley Monsanto" con talleres comunitarios coordinados, lo que llevó a una desobediencia civil masiva. Arriesgando sus vidas bajo un régimen represivo, más de cien mil personas, mayoritariamente pueblos Indígenas, se unieron a las manifestaciones. Bloquearon carreteras y arterias urbanas, mientras los hacktivistas de Anonymous deshabilitaron sitios web gubernamentales, hasta que el Congreso de Guatemala derogó esta odiosa ley el 4 de septiembre. Al unir a guatemaltecos rurales y urbanos, su exitoso levantamiento trajo esperanza cívica a un país devastado durante mucho tiempo por la guerra civil. Diez años después, un nuevo partido político progresista, simbólicamente llamado "Movimiento Semilla", ganó la presidencia. Quinientos años después de la invasión española en Guatemala, su movimiento por la soberanía alimentaria ha inspirado un proceso más amplio de descolonización.

Cortesía de Ricard Busquets, 2014.

Al otro lado de la frontera en México, donde el maíz fue domesticado hace milenios, los gobiernos neoliberales inicialmente dieron la bienvenida a los ensayos de campo de maíz transgénico. Luego, una serie de escándalos sobre la contaminación por polinización cruzada del maíz transgénico en maíces nativos generó alarma mundial, ya que México es el centro de origen de la agrobiodiversidad del maíz en el planeta. En respuesta, diversos movimientos alimentarios liderados por mujeres periodistas, seleccionadoras de semillas zapatistas, apicultores mayas, científicos y estrategas legales utilizaron la ciencia y los tribunales para lograr una prohibición del cultivo de maíz transgénico. A pesar de esta moratoria, en 2017 un equipo de investigación de la prestigiosa universidad pública de México encontró que un sorprendente 90 por ciento de las tortillas contenían secuencias transgénicas. Más de una cuarta parte de estas contenían residuos medibles de Roundup.

En la víspera de Año Nuevo de 2020, el presidente de México, López Obrador, afirmó la soberanía alimentaria en una escala previamente inimaginable. A través de un decreto presidencial, prohibió la importación de maíz transgénico para consumo humano y anunció la eliminación gradual del Roundup y otros agroquímicos que ya estaban prohibidos o restringidos en Estados Unidos. La respuesta de Estados Unidos fue presentar una demanda comercial contra México. Un tribunal designado bajo el “nuevo TLCAN” dictaminó a favor de EEUU en diciembre 2024.

México respondió con una reforma constitucional para prohibir de una vez la siembra de maíz genéticamente modificado en su territorio.